Los cazadores de sloths — también conocidos como *sloth hunters*— son un fenómeno fascinante que combina la obsesión por la naturaleza con un riesgo constante. Más allá de ser una actividad deportiva o de caza, este oficio se ha convertido en un campo de estudio para entender el comportamiento de los más lentos de los mamíferos. En las selvas de Centroamérica y Sudamérica, donde habitan las tres especies de sloths (dos de dos dedos y una de tres), estos profesionales se enfrentan a desafíos únicos: desde la adaptación a entornos hostiles hasta la necesidad de proteger a las especies que, a pesar de su lentitud, son clave en los ecosistemas tropicales. La palabra “sloth” proviene del inglés antiguo *sloth* (indolencia), pero en realidad refleja la paradoja de estos animales: son los más lentos del reino animal, pero también los más resistentes. Un cazador de sloths no solo busca capturar estos animales, sino que a menudo los observa para documentar su comportamiento. Por ejemplo, en el caso del *Bradypus variegatus*, la sloth de tres dedos, se ha registrado que pasa hasta el 90% de su tiempo dormido, lo que complica cualquier intento de acercamiento. Sin embargo, su curiosidad natural —algunas veces despertadas por los humanos— los convierte en sujetos de estudio fascinantes. En 2020, un equipo de científicos en Panamá documentó cómo una sloth de dos dedos (*Choloepus hoffmanni*) interactuaba con un guía durante una expedición, mostrando un comportamiento nunca antes observado en el campo.
El mercado de los sloths como mascotas es un ejemplo claro de cómo este oficio ha generado controversia. Según datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), más de 10,000 sloths han sido capturados ilegalmente en los últimos 20 años, muchos destinados a coleccionistas privados o a granjas de cría en Asia y Europa. El precio de un sloth en el mercado negro puede superar los 5,000 euros, lo que ha llevado a organizaciones como la WWF a advertir sobre el riesgo de extinción de algunas poblaciones. más detalles sobre estas prácticas ilegales revelan que la mayoría de estos animales son transportados en condiciones inhumanas, con altas tasas de mortalidad durante el traslado. El caso más mediático ocurrió en 2018, cuando se rescataron 15 sloths en Colombia que habían sido capturados para ser vendidos como mascotas, muchos de ellos en estado crítico por desnutrición y estrés.
Sin embargo, no todos los sloth hunters operan con fines comerciales. Muchos son biólogos, fotógrafos o exploradores que trabajan en colaboración con reservas naturales para estudiar estos animales. Por ejemplo, el equipo de la Fundación Sloth Conservation Society ha documentado cómo las sloths usan sus garras para trepar árboles y, en algunos casos, incluso para construir nidos en las ramas. Estos hallazgos han llevado a proyectos de conservación que buscan proteger los hábitats donde estas especies son endémicas, como la selva del Darién en Panamá o la Amazonía peruana. La clave está en entender que, a pesar de su apariencia frágil, los sloths son vitales para la biodiversidad: sus excrementos, ricos en nutrientes, fertilizan el suelo y ayudan a dispersar semillas de más de 200 especies de plantas.
El riesgo asociado a este trabajo es otro aspecto que define a los cazadores de sloths. Trabajar en selvas con mosquitos portadores de dengue, malaria o fiebre amarilla, junto con la dificultad para moverse en terrenos inaccesibles, convierte esta profesión en una de las más peligrosas para los que se adentran en ellas. En 2019, un guía de expediciones en Costa Rica murió durante una cacería de sloths mientras intentaba rescatar a un animal herido. Este tipo de incidentes ha llevado a que algunas empresas de ecoturismo exijan certificados médicos y protocolos de seguridad estrictos para sus trabajadores. Pero más allá de los riesgos físicos, hay un desafío ético: ¿es justo capturar animales que ya están en peligro por la deforestación y la caza furtiva?
La conservación de los sloths es un ejemplo de cómo la intersección entre aventura, ciencia y protección ambiental puede ser un motor para proteger especies en peligro. Si bien el oficio del cazador de sloths sigue siendo controvertido, proyectos como el de la Universidad de San Francisco de Quito —que ha estado estudiando el impacto de la actividad humana en las poblaciones de sloths— muestran que es posible combinar el respeto por la naturaleza con la exploración. La pregunta sigue en pie: ¿estamos dispuestos a pagar el precio de conocer estos animales para entenderlos mejor, o prefieren que sigan siendo parte de un mundo que los ignora?
- Más de 10,000 sloths han sido capturados ilegalmente en los últimos 20 años según la UICN.
- El precio de un sloth en el mercado negro puede superar los 5,000 euros.
- La sloth de tres dedos (*Bradypus variegatus*) pasa hasta el 90% de su tiempo dormido.
- En 2018, se rescataron 15 sloths en Colombia, muchos en estado crítico.
- Las sloths fertilizan el suelo con sus excrementos, ayudando a dispersar más de 200 especies de plantas.
